
Lo peor que puede pasarnos es resignarnos a no saber. Hay que aprender a volver a decir no, y a preguntarse por qué, para qué y para quién. Si encontráramos respuestas a estas preguntas, a lo mejor entenderíamos el mundo.
“Saramago, conciencia de Lanzarote”, Lancelot, Lanzarote, nº 896, 22 de septiembre de 2000






Comentarios recientes
hace 1 día
hace 1 día
hace 2 días
hace 2 días
hace 3 meses